
¿Por qué es mejor enfrentar los conflictos que evitarlos?
Muchas de las personas que llegan a terapia pidiendo ayuda con algún tema/problema, han decidido anteriormente no enfrentar, dejar pasar, evitar un conflicto con la idea de que es algo que se solucionará solo, o que es mejor así para llevar la “fiesta en paz”.
Es esperable el no desear tener conflictos, sin embargo, la ausencia de ellos no nos garantiza salud mental o buenas relaciones. Muchas veces, todo lo contrario. El evitarlos, podría estar silenciosamente generando un malestar interno que incluso podría llevarnos a sufrir una depresión, y con ello, nuestros problemas se vuelven aún más profundos, más difíciles de solucionar, requiriendo muchas veces de ayuda profesional.
Si bien, podemos tener similitudes en mayor o menor medida con las personas con las que nos relacionamos cotidianamente, la verdad es que las personas somos todas distintas, pensamos y sentimos distinto, porque tenemos historias particulares que nos hacen vivenciar el mundo y a los otros de una manera muy propia. Entonces ¿cómo no tener diferencias?
Las diferencias, en muchas ocasiones, más que un problema pueden ser una oportunidad para crecer, dependiendo de cómo enfrentemos estas diferencias.
Por supuesto, si no hemos estado acostumbrados/as a aceptar estas diferencias, a respetarlas y a conversarlas, es muy difícil que lleguemos a adultos teniendo experiencia en expresar nuestras discrepancias, y creamos falsamente que sólo es bueno hablar de lo bueno, de las similitudes, de lo que nos hace sentir bien. El atrevernos a conversar sobre las diferencias que podamos tener, aclarar los malos entendidos, expresar lo que no nos gusta, marcar nuestros límites, siempre que lo hagamos con respeto, claridad y con responsabilidad, muchas veces más que un conflicto, puede ser una oportunidad para conocernos mejor, para acercarnos, para afiatarnos, para llegar a acuerdos y por sobre todo, una oportunidad para cuidar nuestra salud mental y la de nuestro entorno.
